Abrió los ojos y la oscuridad le destrozó las costillas. Quiso chillar y no le salió la voz, se le atravesó en la garganta y todos los gritos que retuvo le apretaron el corazón hasta que lo sintió crujir. Saltó de la cama y resbaló con la ropa que había en el suelo. Tres centímetros más cerca y su cabeza se habría partido en dos. Temblando de la impresión se incorporo y fue cojeando por el pasillo, con aquel monstruo dentro comiéndole las entrañas a dentelladas.
- Por favor, vete, vete, vete – gimió, apretándose el pecho.
Notaba la taquicardia en las sienes, y la boca le sabía a sangre. No recordaba cuando se había mordido pero ahí estaba el regusto sobre su lengua, entre los dientes, dándole arcadas. Trato de respirar hondo y la jaula de sus huesos crujió. El pijama le picaba y le daba calor. Se lo quito de encima a golpes y desnuda encontró por fin el picaporte de la puerta del baño. Y ahora que.
Se clavo las uñas en el pecho y resbalo hasta dar con la mejilla en el suelo. Tenía tanto calor que el sudor le hacía surcos por la espalda. Apretó los ojos muy fuerte, se encogió todo lo que pudo y decidió quedarse allí hasta que se hiciera de día y aquel monstruo extraño saliera de su cuerpo.

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