16.1.09

La princesa está triste ¿qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa.

Te necesito.

Necesito que regreses para que mis brazos rodeen toda tu fragilidad, para llorar contra ti todas las lágrimas ahogadas; necesito escuchar tus reproches y tus risas; necesito que me mires como a la mujer que amaste, y pueda avergonzarme de mi propia cobardía. Quiero retomar tu mano para caminar por el maravilloso laberinto de la vida.


Te recuerdo y tiemblo. Me duelen los brazos por todos los abrazos que me faltan sobre tu cuerpo perfecto. El dolor de mis brazos se ha tornado insoportable: te añoran, cielo, necesitan rodearte con fuerza hasta apagar las lenguas de fuego que los recorren. El sufrimiento del alma encuentra camino del cuerpo para mostrarse; somos la piel herida, el corazón enfermo y el estómago sangrante. Somos el dolo que galopa nuestro cuerpo. Tú eres parte de ese cuerpo y mis brazos te siguen buscando insensibles a mis razonamientos, sordos a todo cuanto no sea encontrarte para volver a estar contigo. Sin embargo, se que no debo buscarte.